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::::ATRACTIVOS TURÍSTICOS::::

La Tepeaca colonial se aprecia a través del convento y del Rollo, sobre los cuales se dan datos históricos y se muestran fotos antiguas y esculturas del ex convento franciscano.
No es justo dejar Tepeaca sin decir que desde los tiempos prehispánicos se realiza ahí un magno tianguis, en el que grandes cantidades de productos agrícolas, artesanales e industriales de la región y de mucho más lejos, se comercian los viernes.
También precisa decir que en Tepeaca hay dos fiestas importantes: la del Santo Niño, el 30 de abril, y la de san Francisco, el 4 de octubre. Ambas ofrecen la ocasión para probar los guisos tepeacanos, como el pescado en caldo de guajillo o en tinga, o las verdolagas en salsa verde de chile copí. Apenas 35 kilómetros separan a Tepeaca de Puebla, por la autopista México Veracruz kilómetro 156.

MONUMENTOS COLONIALES

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Ex-conventos Franciscano

Originalmente hubo uno pequeño con techumbre de madera en el primitivo asentamiento o Tepeaca vieja.

Al trasladarse al llano la ciudad, tocó al padre Fray Juan de Ribas la edificación, misma que comenzó a pasos acelerados en 1543 y que debió concluirse casi de inmediato, aunque sólo en su parte modular, ya que ornamentaciones, bóvedas y demás elementos fueron terminados hasta cerca de 1560. La relación de Tepeaca dice: “... Hay un monasterio de frailes de la orden del Señor San Francisco en el cual ordinariamente reside un guardián con más cinco sacerdotes, y además, un fraile lego. Y entre estos hay dos predicadores, uno con lengua castellana y otro de la lengua mexicana.

Y sólo en la iglesia de este monasterio se dice misa y se cantan y celebran los divinos oficios, y no hay en esta ciudad otra iglesia, ni monasterio más que los dichos, y tuvo por guardián y principal fundador a Fray Juan Ribas, uno de los primeros doce religiosos, que a esta Nueva España pasaron; la cual fundación a que paso, y se hizo, cuarenta años, digo, cuarenta y nueva”.

Lo que más destacaba era el gigantesco atrio lamentablemente hoy ocupado por construcciones modernas, que hacia juego con las dimensiones de la plaza. Tan enorme espacio resultaba necesario, pues la concentración de fieles, sobre todo los días de tianguis, provocaban auténticas turbas en busca de auxilio espiritual.

El templo es espacioso y muy austero. La portada hacia el oeste como marcaban los cañones es hacia la plaza, con lo que se cumplía la orientación litúrgica y también con dar autoridad al espacio comercial o publico del mercado. El edificio es de una sola planta, muy alto, que por ello mismo requirió muros demasiado gruesos, cuya anchura fue menguando a medida que crecían. Esto permitió que se dejaran pasillos exteriores, los que envueltos por los contrafuertes, dan la apariencia de pasos de ronda, como los de los castillos medievales.

Esa apariencia es la forma general del edificio, como si se tratara de una fortaleza cuyos altos muros rematan en merlones muy parecidos a los que culminaban los templos y palacios prehispánicos, así como a los mudéjares de muchos sitios andaluces. Los restos de originalidad decoración es un retablo pintado al temple, dedicado a San Diego de Alcalá, el cual, a pesar de sus condiciones de deterioro, habla de la ingenuidad y colorido de estos altares.

El Rollo sacrificio de indígenas

El Rollo de Tepeaca” podría considerarse como uno de los más antiguos monumentos coloniales del país. 

En una parte importante de la plaza, frente a donde originalmente estuvieron las casas de cabildo, pero prácticamente en medio del espacio para el tianguis, se edificó una enorme torre ochavada, que se desplanta de una plataforma escalonada con siete escalones, para darle mayor majestuosidad.

Cada uno de los lados del edificio tiene una ventana geminada, es decir dividida por un parteluz que es realmente una columnilla de orden. En cada ángulo, y entre ventana y ventana, se coloca una cabecita de piedra tallada en forma de jaguar, como si fueran vertederos simbólicos. 

La puerta es sencilla, aunque fue ornamentada en época posterior por una portadita de columnillas pareadas, una cornisa y frontón casi ojival. A ambos lados de las jambas se colocó el escudo de la ciudad otorgado en 1559.
Se dice que el Rollo está inspirado en la famosa “Torre de Oro” de Sevilla y lejanamente tiene un parecido.

Indudablemente el estilo mudéjar sobresale a pesar de las re decoraciones posteriores. Es sin duda uno de los monumentos más antiguos del país.

Al parecer esta edificación fue obra de Francisco Fray Sebastián de Trasiera, constructor de caminos y que entonces edificaba el que había entre Tepeaca y Tecali.

Quien mandó hacer tan magna obra fue el justicia Mayor Francisco Berdugo, quien también era vecino de Puebla (1559).El nombre de Rollo se usa en España como marca fronteriza, y se trata exclusivamente de una columna.
Debió haber otros rollos en México, pero además de este solamente queda uno en Tlaquitenango, Morelos. Se diseñó uno para la ciudad de México, que nunca se llevó a cabo.

En los muros el Rollo se empotraron rosetones de los cuales salían grilletes para los sentenciados menores.

Actualmente algunos de estas esculturas prodigiosas del arte tequitqui, se instalaron en los ángulos del Rollo.

Casa de Hernán Cortés

Se le llama así a una mansión de un solo nivel, construida a finales del siglo XXVII, en la esquina noreste de la plaza. La fachada hace una bonita combinación de azulejos de talavera con ladrillos y cornisamentos de reseria. 

Quizá la calidad de la obra haya estimulado la imaginación de los lugareños para atribuir la propiedad a Hernán Cortés, que evidentemente nunca la pudo ver, ya que cuando se concluyó, el capitán tenía un siglo y medio de haber fallecido. Puede ser que el solar haya sido propiedad de Marqués, con lo cual se entiende la relación, pero no existen mayores datos.

Hoy se ha habilitado un interesante museo, que intenta rescatar un poco de la larga e impotente historia regional.

Casa de los Virreyes

La imaginación de los tepeaquenses es tal, que han atribuido a los virreyes la propiedad de una mansión señorial que se comunica con la casa cural. Es un estupendo ejemplo de la arquitectura barroca del siglo XVIII, el titulo proviene, que en ella se alojaron algunos distinguidos personajes que iban de paso a la capital o viceversa, entre ellos varios virreyes.

La cuidad de Tepeaca ha crecido notablemente, sin embargo, conserva prácticamente intacta la traza original y la mayoría de los edificios de la época virreynal, destacando los templos de los barrios.

Tan importante población sigue siendo la cabecera natural de toda la amplia región, como si los originales acalhuaque hubieran precedido al auge de otros tiempos, disposición corroborada por el conquistador audaz, quien hizo de este enclave un hombre famoso en la historia.

La Parroquia

A partir del decreto episcopal de don Juan de Palafox, en 1643, por el cual retiraba a los frailes la “cura de armas”, de edifico la parroquia del clero secular.
Para ello bebieron utilizarse los solares del antiguo tecpan, es decir, las casas de gobierno de la cuidad.

Es un templo de tres naves, bóvedas de artista y lunetos y varias capillas laterales. Su portada e interior fueron modificados sustancialmente en el siglo XIX, para hacerlas neoclásicas.

Como un caso poco frecuente, la cúpula fue coronada con una escultura de poca calidad, que representa a la Fe, y que es típica del simbolismo del neoclásico.
Una de las capillas laterales ha sido habilitada para rendir culto y devoción a la imagen del “Santo Niño Médico”. Que perteneció a una religiosa enfermera, en los años cuarenta. La creciente devoción ha permitido los recursos para decorar 
todo el templo con mármol muy fino, pero aplicado en un estilo poco afortunado.

El Tianguis más Grande

La más antigua de la ciudad, trasladada por el Padre Ribas, es la explanada enorme, trazada con la doble función de Plaza de armas y sede del tianguis más grande del reino.

El espacio abierto simplemente se enmarcó o cuadró con el emparrillado de la traza, aunque su piso original era de tierra y apenas empedrado el entorno de las casas reales y convento, así como la picota.

La antigua fuente de los Leones

El mismo padre fundador planeó la fuente pública de abastecimiento, no se conoce el sitio exacto de la misma, pero quedan como testimonio de su existencia las esculturas de leones muy sui gereris, que vertían el líquido a cada uno de los ocho lados del tazón.

Los leones africanos eran absolutamente desconocidos en América, de tal forma que los primeros que vieron los indios fueron los dibujos y tallas del escudo de España. Con este modelo muy relativo, los canteros quizá de Calpan o del Seco hicieron unos “leones preciosos”, para lo cual les labraron plumas, símbolos de preciosismo.

VIAJE A LA PREHISTORIA

  • En Tepexi de Rodríguez, Se encuentra el cementerio de fósiles más importante de México y uno de los más significativos del mundo.

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